martes 8 de diciembre de 2009

Gastritis

Nunca es precisa la vida, dicen. Hace algún tiempo pensando en muchas cosas se tronaba los dedos imaginando mejores opciones. Las caídas son gratas si les ves el lado amable, te paras más recio, más despabilado y con ganas de poner las manos en forma de pistola disparando balas que sólo los inteligentes pueden ver. Las gafas que usa ahora son de ésas, de las que le ayudan a ver a la gente desnuda aunque anden con ropa encima de la ropa. Pero eso igual es impreciso porque aún la gente desnuda es igual de mentirosa. Ya no se puede confiar en los superpoderes, ni en las gafas mágicas, ni en anillos de piedras interplanetarias. Mucho menos en la gente. Es igual. De todas maneras tronarse los dedos ya es un hábito y si lo dejara lo extrañaría.
Las opciones de hecho han mejorado sin percatarse. Hoy cuando salió a fumar un cigarro al ojo de patio lo notó. Hace tiempo gruñe con más discreción y el estómago aunque más abultado, da menos lata.
Que si no es precisa la vida, qué gusto. Le interesan menos los dimes y diretes, lo que hagan sus compañeros de trabajo que se ponen cada año más nocivos, los chismes de la farándula y la política. Eso ya es un avance.

viernes 27 de noviembre de 2009

Cacofonía

En la mañana cuando te despertaste el sol era tímido. Te has pasado el día entero frente a la computadora, poniendo al corriente la memoria gráfica para el informe anual a los jefecitos que le caen en diciembre. Por ratos has leído el último libro que pudiste conseguir: el que te prestaron. Bien digerible, bien livianito, habla de una chavita sin edad precisa ni nada preciso, salvo la exacta mirada que atestigua todo.
Es de esas personas que expresan para adentro.
Levantas la vista y la noche ya está contigo. Quién sabe si es por este horario pero al menos esta semana se te fue más rápido. El ruido de los coches que llega desde afuera te adormece.
Ya es de noche, dices en voz perceptible y Víctor te voltea a ver raro desde su escritorio; raro como cada vez que hablas sola o dices cosas evidentes, no raro como cuando llegas tarde y alguien ya te checó.
En la mañana cuando te despertaste el que el costo del camión subiera un peso era un rumor solamente; ahora que te subes al ruta seis para hacer treinta y tantos minutos de camino hasta tu casa, el rumor es un hecho.
Bajas del camión.Está fresco. Estiras los puños de tu tricota pero queda igual de chica, te quedas de nuevo con las muñecas descubiertas.Caminas aprisa. Caminas viendo a los lados, volteando, aunque es mero vicio de mover la cabeza como péndulo porque estás bien miope, pero los lentes se te resbalan y te sientes menos guapa, por eso no te los pones y haces como que miras todo muy claro.
Se te va el tiempo entre ésto y aquéllo. Para cuando te sientas a cenar son casi las once. Mal. El sólo hecho de ver el relojito burlón te quita el hambre. Guardas el sandwich. Te tomas sólo la leche de soya.
Te quedas dormida leyendo. Sueñas que eres muy alta y enclenque, como esas varas que usan para que los mecates donde se tiende la ropa no rocen el suelo con el peso de las cosas tendidas. Sueñas que mirando hacia abajo, le platicas a la muchachita sin edad precisa ni nada preciso salvo la mirada exacta cómo puede hacer para romper esa terca manía de expresarlo todo para adentro.
Ella sólo te mira.

viernes 20 de noviembre de 2009

Destellos

Te miro de lejos, sentada sobre la roca en que poso mis certezas actuales.
Eres, porque lo dicta todo aqúello que me constituye, el mejor regalo que la vida me tenía reservado.
Te miro dormir y quisiera supieras las cosas grandes que por dentro me cimbran, que me vuelven una pequeña cosa abandonada al paso de interminables ciclones si traigo a cuenta esta vida que de un año a la fecha he compartido contigo, en el sentido más profundo por mí conocido que es ahora un sentido como mandarina, de dulces gajos, de montones de vivencias si se puede llamar montones a un año, un simple año.
Un simple año medido en un tiempo destapado para esta ocasión. La mirada cambió de piel igual que las uñas, las fantasías y los desvelos. La piel cambió de piel y las palabras tienen un sonido largo y cierto.
Te miro de frente y después de sombras, senderos maltrechos, desesperanzas confirmo que vale la pena seguir mirando hacia los destellos por diminutos que parezcan.

miércoles 22 de abril de 2009

Hacia el medio día del último miércoles que te vi, una surada comenzó a despeinar los cabellos de las personas que caminaban a esa hora por la calle, pero me di cuenta porque más tarde lo escuché en el noticiero de la noche. En la avenida de Zaragoza hubo un incendio, pasé caminando por allí pero no me percaté; lo supe porque me lo contaron unos compañeros del trabajo. Al bajar la banqueta para cruzar la calle, mi pie izquierdo se dobló y caí de rodillas, pero el dolor vino dos días después, cuando lo morado de la piel ya descendía del púrpura. Una amnesia de pocas semanas tergiversó hechos, fechas, horas y memorias. Un filo se encajaba permanentemente entre mis pares de costillas y consumía cigarros en vez de comida. Aún así pude estar serena y entender tanto las razones que te motivaban como tus maneras cortantes.

jueves 12 de marzo de 2009

Cuando llegue el hartazgo de dormir bien acompañada, quedarán siempre buenas lecturas, las calles de nombres raros que te prometes recorrer la tarde del próximo domingo, los discos que te hacen agudizar el tono de voz para cantar, la bendita cama que te arropa aunque no se lo pides. Cuando al final de algún día voltees a ver que detrás no hay nadie que tienda los brazos si decides caer estará tu bici recostada en el ojo de patio atenta y envinadita, cromada para irte a cruzar la ciudad a la hora de menos tránsito. Muchas películas pendientes, cosas por comprender, recuerdos que incluyan detalles exactos que has decidido postergar por esa pasión del día a día. Oportunas goteras mentales que tapaste con los dedos de tus manos, cigarritos delgados y oscuros que saben mejor entrada la noche.

miércoles 17 de diciembre de 2008

Nosotros

Ha atardecido. Inmerso en este espacio oloroso a café imagino que bajas por alguna arteria de la ciudad librando el tránsito lastimero. Hay modificaciones en los ángulos de los paisajes que la luna reparte para jugar su acostumbrada partida conmigo. Esta noche es alfombra mágica porque sé que vienes en camino. Lleno botellas de té para saciar tu sed, unto mantequilla en mis muñecas; delicadamente ato a la luna en una de sus distracciones a la pata de la cama. Se da cuenta y no dice nada, se sabe perdedora en el juego de hoy y apostó su permanencia durante tu estadía.
Has llegado. Ahora la noche con nosotros, sobre nosotros, por nosotros.
Miras la luna y sonríes.
Qué lámpara tan original, terminas por decir, mirandome , iluminándome.
Qué luminoso eres, termino por notar.
Termino por abrazarte.

martes 16 de diciembre de 2008

Lo que hace falta: volutas color madera, el ritmo lento y habitual de un beso que aporte al día la etiqueta de sagrado.
Cambia mi cuerpo a gota de agua, tránsito y vaivén.
El día es una luna llena, la noche una bola de lumbre.

Déjame contar esta historia

Déjame contar esta historia: esta historia que es peculiar, musical, completamente nocturna. Hojas caen de los árboles, cruza un aire un tanto violento a través de terrenos baldíos y yo estoy de pie y sigo soñando, disparando risas que salen de los ojos.
Una noche multiplicada, elevada a la décima potencia, qué se yo. Una noche como muñeca rusa, con noches miniatura en la boca del estómago y música inyectada como patas de caballo a galope que a veces es estruendo, a veces es murmullo y dentro de la misma noche listones de colores tapándonos los ojos, manos que estrujan así como acarician así como estorban así como se amarran.
Y en este viajecito que se está volviendo cotidiano, estás, encapsulado en una temporalidad ajena y miro tus ojos oscuros agigantarse en la luz, agigantarse en historias, poner violines a lo que me cuentas. Detrás de la puerta el mundo nos avisa que gira….giramos nosotros a destiempo, contratiempo, fuera del tiempo, esa es la idea. Lo que pase allá afuera no interesa a esta historia.

lunes 24 de noviembre de 2008

Para que no digan luego que aquella mujer enamorada fuiste tú

Tersura inversa, camino a prisa, huyendo de la bondad de unos ojos.
Atrás quedó, atrás quedamos, por decisión tuya y aceptación mía.
Evito mirarte, evito encontrarte, ventearte, saber de ti.
Grapada a un tiempo venidero forro tus últimas palabras con papel periódico.
Cajas y cajas de acciones que para mí germinarían.
Un amor de bolsillo, tibio y tímido. Hijos inexpertos del sol, trastabillamos. Al extender mis brazos volteé a mirarte, sentado meditabas. Me senté contigo a esperar un tiempo propicio.
Hoy sigo aquí, saltando constelaciones, recordándote, mi pequeño, grande, hermoso hombre.
Terciopelo en las palmas de las manos, en las mejillas hundidas, en las comisuras de los labios.
Tu presencia como lunares en el universo de un cuerpo autónomo, en el día a día una ventisca tuya.
Campos inmensos, mares lejanos, horizontes nuestros mi niño.
Horizontes idos.

Mentol

No hay otros cigarros mas que mentolados, así que bueno. Son largos y te agrada lo estilizado de la forma, que te gustaría trasladar a tus dedos nerviosos que más bien son cortos, delgados eso sí, pero cortos. Caminas el trayecto a casa escuchando una canción que te anime. No te apresuras. No tiene sentido apresurar las cosas en domingo. Todo va espeso. Si necesitaras compañía, podrías caminar unas cuadras y solucionado: está Sergio, está Citlali, Alfonso, siempre tus padres.
¿Para qué sirve la gente, piensas?
La llave se atora cuando intentas abrir la puerta de entrada. Hay que cambiar la chapa; lo anotas en la lista de pendientes. Hasta ese momento jamás habías notado que la pluma emite sonido al encajarse sobre el papel para inyectarle tinta: En el silencio del departamento todo se magnifica, cada pequeño sonido es una araña de largas patas que avanza din detenerse, tejiendo redes en los poros de las paredes. Está bien.
Quieta y callada, recurres a algo de la magia que te queda. Algo arde al fondo de tus ojos, lava que se escurre de a poco. La retiras con cuidado, no vayas a llevarte con ella parte de la piel. Quieta y callada, enciendes uno de los mentolados. ¿De qué sirve fumar? No recuerdas ahora la utilidad pero es grato a la vista que las cosas adquieran tinte de video ochentero.
No es más temor de estar bajo el espeso bloque de silencio y quietud, es que el peso de los sonidos es otro, como otra la manera de asimilar las distancias, de entrar en los colores de las carencias o las vastedades que vas descubriendo.
Recién hablaste con Alfonso y te decía entre risas nerviosas que seguiría tu ejemplo, que su casa tiene los muebles verticales desde hace un año y ni ánimos de ponerlos como van. Sonríes. Antes hubieras querido ir al desierto, ahora prefieres ver tus deshielos en casa. Frente a ti dos de las sillas del comedor esperan para ser acomodadas. Te levantas, sacudes el polvo nuevo, el de hace dos noches. Pones la planta que acabas de comprar como centro de tu mesa.

Suponiendo

Supongo que estoy bien. Te recuerdo aún; a lo largo del día, en mis diarios motivos en los que busqué incluirte, en la bruma matinal.
Mi vida fue hasta hace unos días un rompecabezas, y sin noción de tiempo ni espacio logré bajar la hinchazón del desaliento, a tientas, a cuentagotas, segura de nada, incierta en todo.
Supongo que como otras tantas veces, las respuestas no son las que imagino.
Traté de hablarte de lo fácil que era todo si buceábamos en las certezas. Sembré semillas de luna, quise inflamar tu corazón, arroparte con el calor que desprendían mis sueños.
Cerezas muertas en los labios. Destrozadas las noches, las tardes, el nosotros, sólo supiste responder con caos.
Parada enmedio de la nada, sin fuerza en brazos ni piernas, comí y bebí de mi nostalgia. No quería enamorarme , quería amar, quería hacer las cosas luminiscentes, eternas, con solidez y conciencia.
Supongo estoy bien. Supongo terminarás siendo pretérito. Supongo que duele pero no miro que de mi cuerpo brote sangre o agua de mar. Me gustaría suponer que algun día podremos tomar una taza de café, por mí no hay inconveniente, por tí...ni siquiera puedo suponer.

Rincón framboyán

Soy un árbol que desea viajar en tren