martes, 1 de junio de 2010

Humor de manzana


Haré lo necesario para que la madrugada me dure todo el día en las pláticas que guardo para ti, llegada la noche y la hora de encontrarnos.
Mañana que amanezca acompáñame a sentarme en el alféizar de la ventana y miremos madurar los mangos, pintame la cara con tus besos sonrientes.
Toca mi nariz con la tuya.
Cuéntame cosas sencillas con tu humor de laguna.
Celebremos que nos amamos tanto tanto y de nuevo y otra vez.

jueves, 27 de mayo de 2010

En pausa

Haz un alto. Levanta la cara. Recuerda tus paseos de la infancia, cuando en la orilla de la playa el sol se depositaba tenue entre caracoles y conchas. Voltea y atiende a todas direcciones, examina con detenimiento. Acuérdate cómo arqueabas las plantas de los pies al contacto con las salientes de las pequeñas carcasas incrustadas en la arena. No dejes que la memoria elija papelitos en la urna de un azar pesaroso. No dejes espacio físico para el encierro, no en tu casa, no en tu cama, no en el comedor donde por las mañanas acostumbras tomarte un lechero sin azúcar, donde pones ambos codos, mirando distraídamente cómo el día avanza condensado en un bloque de luz que decidido repta por el piso de la sala, donde una ventana grande te avisa lo que pasa afuera. Muérdete el labio inferior, siente cómo tu diente es amigable y no rompe tu boca, sólo es un pequeño recordatorio de que no te claves, no te claves, no te claves, regresa de tu cabeza luego de dar rondines fraternales.

Prende un segurito metálico en el lomo de un pasado reciente y pásale la mano para hacerlo ronronear, jálale las riendas o ponle bozal si lo que necesitas es tranquilizarlo para tranquilizarte.

Y luego cámbiate de ropa, de manos, de olores, múdate de inquietudes, no se te ocurra desmayarte, no pienses en dificultades porque tiene su gracia poder despertar, poder estirarte, poder hacer críticas, poder hacer bolitas con el migajón que no decides comerte y con él alimentar a las palomas en este parque donde otras veces has conocido gente interesante, donde te agarró la lluvia haciéndote reír.

Y no hace mucho de eso.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Abro la cortina con el debido respeto y sí, ahi está ya la noche. El cuerpo se nos dobla como ramas en campo abierto, nos mece la tibieza, nos acuna. Alzas los brazos y te quitas la camisa. No te miro pero lo sé. Me quito el pantalón, me cambio de zapatos. Apremia la gana de aspirarte, de cerrar los ojos y pegarme a ti para olfatearte. No dura la noche porque eres infinito, tomo tu mano, aprieto tus dedos, hurgo en tu cabello,te acaricio las sienes. No dura nada la noche, con las uñas raspo las paredes de tu espalda y tus corvas, las recojo en la palma de mi mano para coleccionar los pétalos que de ti caen.

martes, 8 de diciembre de 2009

Gastritis

Nunca es precisa la vida, dicen. Hace algún tiempo pensando en muchas cosas se tronaba los dedos imaginando mejores opciones. Las caídas son gratas si les ves el lado amable, te paras más recio, más despabilado y con ganas de poner las manos en forma de pistola disparando balas que sólo los inteligentes pueden ver. Las gafas que usa ahora son de ésas, de las que le ayudan a ver a la gente desnuda aunque anden con ropa encima de la ropa. Pero eso igual es impreciso porque aún la gente desnuda es igual de mentirosa. Ya no se puede confiar en los superpoderes, ni en las gafas mágicas, ni en anillos de piedras interplanetarias. Mucho menos en la gente. Es igual. De todas maneras tronarse los dedos ya es un hábito y si lo dejara lo extrañaría.
Las opciones de hecho han mejorado sin percatarse. Hoy cuando salió a fumar un cigarro al ojo de patio lo notó. Hace tiempo gruñe con más discreción y el estómago aunque más abultado, da menos lata.
Que si no es precisa la vida, qué gusto. Le interesan menos los dimes y diretes, lo que hagan sus compañeros de trabajo que se ponen cada año más nocivos, los chismes de la farándula y la política. Eso ya es un avance.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Cacofonía

En la mañana cuando te despertaste el sol era tímido. Te has pasado el día entero frente a la computadora, poniendo al corriente la memoria gráfica para el informe anual a los jefecitos que le caen en diciembre. Por ratos has leído el último libro que pudiste conseguir: el que te prestaron. Bien digerible, bien livianito, habla de una chavita sin edad precisa ni nada preciso, salvo la exacta mirada que atestigua todo.
Es de esas personas que expresan para adentro.
Levantas la vista y la noche ya está contigo. Quién sabe si es por este horario pero al menos esta semana se te fue más rápido. El ruido de los coches que llega desde afuera te adormece.
Ya es de noche, dices en voz perceptible y Víctor te voltea a ver raro desde su escritorio; raro como cada vez que hablas sola o dices cosas evidentes, no raro como cuando llegas tarde y alguien ya te checó.
En la mañana cuando te despertaste el que el costo del camión subiera un peso era un rumor solamente; ahora que te subes al ruta seis para hacer treinta y tantos minutos de camino hasta tu casa, el rumor es un hecho.
Bajas del camión.Está fresco. Estiras los puños de tu tricota pero queda igual de chica, te quedas de nuevo con las muñecas descubiertas.Caminas aprisa. Caminas viendo a los lados, volteando, aunque es mero vicio de mover la cabeza como péndulo porque estás bien miope, pero los lentes se te resbalan y te sientes menos guapa, por eso no te los pones y haces como que miras todo muy claro.
Se te va el tiempo entre ésto y aquéllo. Para cuando te sientas a cenar son casi las once. Mal. El sólo hecho de ver el relojito burlón te quita el hambre. Guardas el sandwich. Te tomas sólo la leche de soya.
Te quedas dormida leyendo. Sueñas que eres muy alta y enclenque, como esas varas que usan para que los mecates donde se tiende la ropa no rocen el suelo con el peso de las cosas tendidas. Sueñas que mirando hacia abajo, le platicas a la muchachita sin edad precisa ni nada preciso salvo la mirada exacta cómo puede hacer para romper esa terca manía de expresarlo todo para adentro.
Ella sólo te mira.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Destellos

Te miro de lejos, sentada sobre la roca en que poso mis certezas actuales.
Eres, porque lo dicta todo aqúello que me constituye, el mejor regalo que la vida me tenía reservado.
Te miro dormir y quisiera supieras las cosas grandes que por dentro me cimbran, que me vuelven una pequeña cosa abandonada al paso de interminables ciclones si traigo a cuenta esta vida que de un año a la fecha he compartido contigo, en el sentido más profundo por mí conocido que es ahora un sentido como mandarina, de dulces gajos, de montones de vivencias si se puede llamar montones a un año, un simple año.
Un simple año medido en un tiempo destapado para esta ocasión. La mirada cambió de piel igual que las uñas, las fantasías y los desvelos. La piel cambió de piel y las palabras tienen un sonido largo y cierto.
Te miro de frente y después de sombras, senderos maltrechos, desesperanzas confirmo que vale la pena seguir mirando hacia los destellos por diminutos que parezcan.

miércoles, 22 de abril de 2009

Hacia el medio día del último miércoles que te vi, una surada comenzó a despeinar los cabellos de las personas que caminaban a esa hora por la calle, pero me di cuenta porque más tarde lo escuché en el noticiero de la noche. En la avenida de Zaragoza hubo un incendio, pasé caminando por allí pero no me percaté; lo supe porque me lo contaron unos compañeros del trabajo. Al bajar la banqueta para cruzar la calle, mi pie izquierdo se dobló y caí de rodillas, pero el dolor vino dos días después, cuando lo morado de la piel ya descendía del púrpura. Una amnesia de pocas semanas tergiversó hechos, fechas, horas y memorias. Un filo se encajaba permanentemente entre mis pares de costillas y consumía cigarros en vez de comida. Aún así pude estar serena y entender tanto las razones que te motivaban como tus maneras cortantes.

jueves, 12 de marzo de 2009

Cuando llegue el hartazgo de dormir bien acompañada, quedarán siempre buenas lecturas, las calles de nombres raros que te prometes recorrer la tarde del próximo domingo, los discos que te hacen agudizar el tono de voz para cantar, la bendita cama que te arropa aunque no se lo pides. Cuando al final de algún día voltees a ver que detrás no hay nadie que tienda los brazos si decides caer estará tu bici recostada en el ojo de patio atenta y envinadita, cromada para irte a cruzar la ciudad a la hora de menos tránsito. Muchas películas pendientes, cosas por comprender, recuerdos que incluyan detalles exactos que has decidido postergar por esa pasión del día a día. Oportunas goteras mentales que tapaste con los dedos de tus manos, cigarritos delgados y oscuros que saben mejor entrada la noche.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Nosotros

Ha atardecido. Inmerso en este espacio oloroso a café imagino que bajas por alguna arteria de la ciudad librando el tránsito lastimero. Hay modificaciones en los ángulos de los paisajes que la luna reparte para jugar su acostumbrada partida conmigo. Esta noche es alfombra mágica porque sé que vienes en camino. Lleno botellas de té para saciar tu sed, unto mantequilla en mis muñecas; delicadamente ato a la luna en una de sus distracciones a la pata de la cama. Se da cuenta y no dice nada, se sabe perdedora en el juego de hoy y apostó su permanencia durante tu estadía.
Has llegado. Ahora la noche con nosotros, sobre nosotros, por nosotros.
Miras la luna y sonríes.
Qué lámpara tan original, terminas por decir, mirandome , iluminándome.
Qué luminoso eres, termino por notar.
Termino por abrazarte.

martes, 16 de diciembre de 2008

Lo que hace falta: volutas color madera, el ritmo lento y habitual de un beso que aporte al día la etiqueta de sagrado.
Cambia mi cuerpo a gota de agua, tránsito y vaivén.
El día es una luna llena, la noche una bola de lumbre.

Déjame contar esta historia

Déjame contar esta historia: esta historia que es peculiar, musical, completamente nocturna. Hojas caen de los árboles, cruza un aire un tanto violento a través de terrenos baldíos y yo estoy de pie y sigo soñando, disparando risas que salen de los ojos.
Una noche multiplicada, elevada a la décima potencia, qué se yo. Una noche como muñeca rusa, con noches miniatura en la boca del estómago y música inyectada como patas de caballo a galope que a veces es estruendo, a veces es murmullo y dentro de la misma noche listones de colores tapándonos los ojos, manos que estrujan así como acarician así como estorban así como se amarran.
Y en este viajecito que se está volviendo cotidiano, estás, encapsulado en una temporalidad ajena y miro tus ojos oscuros agigantarse en la luz, agigantarse en historias, poner violines a lo que me cuentas. Detrás de la puerta el mundo nos avisa que gira….giramos nosotros a destiempo, contratiempo, fuera del tiempo, esa es la idea. Lo que pase allá afuera no interesa a esta historia.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Para que no digan luego que aquella mujer enamorada fuiste tú

Tersura inversa, camino a prisa, huyendo de la bondad de unos ojos.
Atrás quedó, atrás quedamos, por decisión tuya y aceptación mía.
Evito mirarte, evito encontrarte, ventearte, saber de ti.
Grapada a un tiempo venidero forro tus últimas palabras con papel periódico.
Cajas y cajas de acciones que para mí germinarían.
Un amor de bolsillo, tibio y tímido. Hijos inexpertos del sol, trastabillamos. Al extender mis brazos volteé a mirarte, sentado meditabas. Me senté contigo a esperar un tiempo propicio.
Hoy sigo aquí, saltando constelaciones, recordándote, mi pequeño, grande, hermoso hombre.
Terciopelo en las palmas de las manos, en las mejillas hundidas, en las comisuras de los labios.
Tu presencia como lunares en el universo de un cuerpo autónomo, en el día a día una ventisca tuya.
Campos inmensos, mares lejanos, horizontes nuestros mi niño.
Horizontes idos.

Mentol

No hay otros cigarros mas que mentolados, así que bueno. Son largos y te agrada lo estilizado de la forma, que te gustaría trasladar a tus dedos nerviosos que más bien son cortos, delgados eso sí, pero cortos. Caminas el trayecto a casa escuchando una canción que te anime. No te apresuras. No tiene sentido apresurar las cosas en domingo. Todo va espeso. Si necesitaras compañía, podrías caminar unas cuadras y solucionado: está Sergio, está Citlali, Alfonso, siempre tus padres.
¿Para qué sirve la gente, piensas?
La llave se atora cuando intentas abrir la puerta de entrada. Hay que cambiar la chapa; lo anotas en la lista de pendientes. Hasta ese momento jamás habías notado que la pluma emite sonido al encajarse sobre el papel para inyectarle tinta: En el silencio del departamento todo se magnifica, cada pequeño sonido es una araña de largas patas que avanza din detenerse, tejiendo redes en los poros de las paredes. Está bien.
Quieta y callada, recurres a algo de la magia que te queda. Algo arde al fondo de tus ojos, lava que se escurre de a poco. La retiras con cuidado, no vayas a llevarte con ella parte de la piel. Quieta y callada, enciendes uno de los mentolados. ¿De qué sirve fumar? No recuerdas ahora la utilidad pero es grato a la vista que las cosas adquieran tinte de video ochentero.
No es más temor de estar bajo el espeso bloque de silencio y quietud, es que el peso de los sonidos es otro, como otra la manera de asimilar las distancias, de entrar en los colores de las carencias o las vastedades que vas descubriendo.
Recién hablaste con Alfonso y te decía entre risas nerviosas que seguiría tu ejemplo, que su casa tiene los muebles verticales desde hace un año y ni ánimos de ponerlos como van. Sonríes. Antes hubieras querido ir al desierto, ahora prefieres ver tus deshielos en casa. Frente a ti dos de las sillas del comedor esperan para ser acomodadas. Te levantas, sacudes el polvo nuevo, el de hace dos noches. Pones la planta que acabas de comprar como centro de tu mesa.

Suponiendo

Supongo que estoy bien. Te recuerdo aún; a lo largo del día, en mis diarios motivos en los que busqué incluirte, en la bruma matinal.
Mi vida fue hasta hace unos días un rompecabezas, y sin noción de tiempo ni espacio logré bajar la hinchazón del desaliento, a tientas, a cuentagotas, segura de nada, incierta en todo.
Supongo que como otras tantas veces, las respuestas no son las que imagino.
Traté de hablarte de lo fácil que era todo si buceábamos en las certezas. Sembré semillas de luna, quise inflamar tu corazón, arroparte con el calor que desprendían mis sueños.
Cerezas muertas en los labios. Destrozadas las noches, las tardes, el nosotros, sólo supiste responder con caos.
Parada enmedio de la nada, sin fuerza en brazos ni piernas, comí y bebí de mi nostalgia. No quería enamorarme , quería amar, quería hacer las cosas luminiscentes, eternas, con solidez y conciencia.
Supongo estoy bien. Supongo terminarás siendo pretérito. Supongo que duele pero no miro que de mi cuerpo brote sangre o agua de mar. Me gustaría suponer que algun día podremos tomar una taza de café, por mí no hay inconveniente, por tí...ni siquiera puedo suponer.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Cumple

Observando a Roni se me puede ir la noche. Consciente de esto, cambio de posición aunque no abandono mi silla. Junto a mí, Leonora se agita mientras no deja de platicar con la muchacha de junto. Sus voces se tejen con la de Morrison. ¿Morrison? pienso y volteo a la rockola donde Ernesto permanece parado, de espaldas a mí.
-Si lleva cinco chelas pone a jaguares, con unas once ya cambia a doors y cuando pone a la insulsa de la Downs ya perdió la cuenta, le digo a mi vecino que callado, también observa. Su suéter color vino me agrada, igual que el tono de moreno de sus manos. Cuando mis ojos suben de su suéter a su rostro, se encuentran con una sonrisa que siento apacible. Lo imito y confirmo que Roni sigue manteniendo su afición por las buenas combinaciones.
Ahora Roni cuenta sobre el último viaje que hizo, el de la semana pasada, cuando hacía un puto frío que calaría al más machín. Todos reímos, claro, porque cuando él narra hay una pausa obligatoria en lo que cada uno hace. Su forma de contar es mucho él: la manera de mover las manos, de arquear las cejas de forma diferente en cada oración, las inflexiones de la voz. Mi vecino toma de su cerveza mirándolo largamente. Tres sorbos.
Junto a la rockola Ernesto ha girado y queda de frente a nosotros, levanta la chela y brinda y sonríe, claro, porque festejamos a Roni en sus veintiocho años. Suena el vidrio de las botellas y un murmullo se intensifica. Un reggaecito empieza a sonar y los ánimos de por sí dulces, terminan naufragando en la melcocha.
Me levanto y voy hacia él. Su gran sonrisa es ya una tradición. Volteo de nuevo alrededor. Los grupitos de tres o cuatro se han multiplicado, somos un bandón.
Cada año somos más ¿no?
¿Pues qué te diré, mi estimadaza? Renovarse o morir y sus ojos se van de lleno a un suéter vino situado al rincón.
Levantamos botellas. Alguien toma una foto. Varias generaciones revueltas, qué chingonería.
Roni y yo nos abrazamos.
Felicidades, hermoso.
Felicidades a ti por ser hermosa y decirme hermoso.
Lindo tu nuevo amor, eh? Me gusta lo moreno de sus manos.
Hermosa, a mi sus manos me gustarían aunque fueran verde pistache. Reímos.Regreso a mi silla. Los cadillacs son quienes cantan ahora. Vane ha llegado con tres amigos, esto pinta para amanecer. Busco a Roni con la mirada a ver ahora qué hace. Hay una fila de gente felicitándolo. Me río a carcajadas y tomo de mi chela. Él levanta los ojos y su cerveza igual. Separados por unos metros, brindamos.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Cazamiradas

Cruzas la pierna. Prendes un cigarro. No me miras hasta que la flama del encendedor tuesta levemente la orilla del papel arroz.
Hace mucho no nos topábamos, no?
Ajá.
Miras alrededor y espero a que el vuelo de tu mirada termine, para posarse en mí. Siempre has tenido la gracia de volverme obtusa. En este momento no me soporto. La incomodidad de esperar me hace voltear a mirar a otro lado.
Qué has hecho, preguntas ya mirándome.
Un poco de todo, ya sabes, menos loquear. Sonrío.
Entrecierras los ojos y jalas de tu cigarrito.
En esa postura noches y noches se fueron, un tanto de razón también. Me pregunto si es justo eso, el vuelo esquivo de tu mirada lo que me hace buscarte vía tus ojos.
No me ayudas, ni lo que dicen los astros, ni la experiencia pasada, ni los pasos que otros han dado, ni la buena fé.
No me sonrojo si te miro, no me altero si mi mirada se ancla necia en la tuya. Algo se ha mudado.
Pienso en mis ojos como una superficie quieta y los peces japoneses que solían adornarla y llenarla de movimiento, hoy disecados.
Prendes otro cigarro. Tienes rato hablando de quién sabe qué. El humo de los innumerables cigarros consumidos levanta una pared volátil tras la que adivino tu rostro, y logro divisar unos ojos que veo por primera vez.

martes, 11 de noviembre de 2008

Pleamar

Te observo a lo lejos, desde mi ventana. Parado junto a un poste pintado de negro, pareces imitarlo. Recto, delgado, vestido del mismo color. Aspiro la fragancia que sube desde la taza que sostengo en mi mano, del diario café americamo matutinísimo, costumbre y herencia tuya.
Te contemplo.
De un pasado lejano llegas fresco, recién lavado. Con tu tez de día nublado, con tus ojos en apariencia inocentes, haces que mi corazón palpite en tiempo pretérito, barco en pleamar.
Tiempo fragmentado desde tu partida, el mundo vino a menos, bajó el volumen de mi voz, no recordaba cómo atar los cordones de mis zapatos. Blanco y negro permanentemente bajo las pestañas mojadas todo el tiempo. Miniatura a escala fuí.
Te observo a lo lejos, tú no sabes que vivo aquí, tú no sabes de mí más que lo que te inventaste.
Te observo a lo lejos, en mi muñeca el reloj ya pasó 15 minutos de la hora en que quedé contigo.
Sólo te observo a lo lejos y me quedo en casa, conmigo.

lunes, 20 de octubre de 2008

A la espera de la noche

Bajo del taxi. La noche se ha maquillado como buena jinetera. Mis pies me guían e inica el recorrido: Mi carne comanda. Sitio tras sitio, una mujer distinta se me adhiere, me pasa la mano por la entrepierna, se mueve como gata ronrroneando. Aparto a la última que ha logrado sacarme media hora de tragos seguidos y pretende luego sentarse sobre mis piernas. En mi pecho nada hierve, en mi vientre nada cambia. Nada pasa. Subo a un taxi. La noche me ha fallado. Permanezco a la escucha.

jueves, 16 de octubre de 2008

Oasis

Todo se forra de olvido. Finalmente caen de la memoria aquéllos escapularios que en sus manos tu abuela nerviosamente movía. No atinas con el sabor exacto de las paletas de agua que te gustaba comer para refrescar tu garganta y pintarte la lengua. No te esfuerzas tampoco.Tirada sobre el cesped eres parte de un cuadro pintado con esmero. Todo termina desdibujándose, implosionando, contrayéndose. Tu rostro pertenece a una mujer distinta a la que ayer fuiste, tus manos se mueven pulcras sobre el pasto, como queriéndolo tejer. Miras lo azul intenso del cielo y en tu mente resuena la palabra ola, ola, ola, ola. Y te granulas como arena que el mar invade y el olvido camina por tus veredas, y no sabes si eres una hormiga extraviada en el césped o cuerpo pensante o sensación solamente.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Granada de mano

Hojas cayendo alrededor. El mañana no asoma por debajo de ninguna de ellas. Las miras descender,depositarse sobre el pavimento amontonándose y fabricando un colchón. La calle permanece notablemente vacía. Es domingo por la mañana, y cabe decir que muy por la mañana. Con las piernas recogidas entre tus brazos, eres un capullo endeble de carne y huesos, arterias, pies fríos. Miras la calle, te das cuanta lo larga que es. Buscas en la bolsa de tu rompevientos la cajetilla de cigarros,sacas uno y lo prendes. Te vas de a poco en cada bocanada; rozas la placidez de vez en cuando mientras fumas. Desde hace meses la molestia ha sido cautelosa, pero los últimos días es un alarido insoportable. No estás tranquilo en ningún lado. Pero sentado allí nada parece estar mal,no estás inquieto. Tu familia se ha mudado de ciudad. Aún vuelves del trabajo creyendo que los vas a encontrar y que la cena transcurrirá como en un día de esos que pertenecieron a la etapa luminosa. Mirar la bici de tu hijo te hace estallar. No has llorado, lo que te ha llevado a adquirir la costumbre de madrugar para regar las plantas. Piensas que tal vez mirando el agua caer sobre las hojas y las flores incentive las lágrimas y así alguna vez logres drenar de tu cuerpo la nebulosa que se crea dentro de ti cada minuto que transcurre. Das una fumada larga. No entiendes aún qué pasa. Sabes que tienes la capacidad de entender pero no sabes dónde ni cómo hallarla.
Desde hace tiempo buscas un ángulo que te regale algo de tranquilidad para integrarte a su paisaje y permaner. Hoy lograste acomodarte. Una hoja rojiza cae describiendo una trayectoria juguetona, enredada en círculos que el aire le regala. Te das cuenta de la hoja, te das cuenta que es roja, que cae como deteniéndose, que si miras más allá del árbol el sol despunta. No te das cuenta aún que ya no buscas indicios de futuro en cada cosa que aparece ante tus ojos pero te das cuenta que estar allí sentado fumando con calma se siente bien.

Soy un árbol que desea viajar en tren